como los besos robados de quien se deja robar,
como la libertad en las tripas del halcón,
como una cama calentada por dos idiotas,
como la espera en un portal a expensas del deseo,
como las manos que se enredan por debajo de una mesa,
como dos miradas que juegan a embrujar,
como dos amantes a la orilla del desafío.
A eso sabes en mi corazón.
M. ª Carmen Valenzuela Marín