jueves, 17 de diciembre de 2015

:)

Vamos a sentirnos menos muertos,
solo por hoy,
por si, quizá, mañana no volvemos a jugar.
Arráncame la sórdida mueca de la cara.
Colócame tu sonrisa.
Tan solo préstamela...
Así no tendrás excusas para marcharte,
ni yo de distraerme en la felicidad.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Nana

Guárdate, niño, ya viene,
ya viene la bruja de plata,
guárdate de las estrellas, lucero,
que son sus aliadas.

Ea, ea, ea,
mi niño se duerme ya,
ea, ea, ea,
la bruja de plata se va.

No hagas ruido, mi niño,
sus celos busca que te buscan,
ya viene, anda cerca,
por los confines de tu cuna.

Ea, ea, ea,
mi niño se duerme ya,
ea, ea, ea,
la bruja de plata se va.

Besa tus espejos de cielo,
tu sueño la asustará,
la bruja espera y espera,
al alba se marchará.

Ea, ea, ea,
mi niño se duerme ya,
ea, ea, ea,
la bruja de plata se va.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

domingo, 6 de diciembre de 2015

Soneto

¿Qué es lo que esconden, niña, los charcos de tus lunas?
Sin rumbo va tu barca, con pies de peregrino,
la cara tan blanca, los párpados ambarinos,
con tu mantilla de ilusiones verde aceituna.

¿Quién se asoma, niño, al alfeizar de tu ventana?
De noche mata tu sueño, de día atrapa tu alma,
te arrancas el corazón, lo aguantas en tus palmas,
para dárselo a esa niña de gracia gitana.

Y estando los dos, a escasos metros siquiera,
cuando con la vida en las manos se quiere,
que difícil y larga resulta la espera.

Pero el tiempo, maldito enemigo que hiere;
el mundo, impío canalla que desespera,
no hacen sucumbir a los que de veras se quieren.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

lunes, 23 de noviembre de 2015

:)

Como un abrazo a las entrañas rotas,
como los besos robados de quien se deja robar,
como la libertad en las tripas del halcón,
como una cama calentada por dos idiotas,
como la espera en un portal a expensas del deseo,
como las manos que se enredan por debajo de una mesa,
como dos miradas que juegan a embrujar,
como dos amantes a la orilla del desafío.

A eso sabes en mi corazón.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

martes, 17 de noviembre de 2015

:)

Puedo ser tan dama como me respeten,
tan niña, como de segura me hagan sentir;
tan golfa, como daño me hagan,
tan truhana si huelo el fracaso venir,
tan pícara como me sepan provocar.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

lunes, 9 de noviembre de 2015

Al menos, inténtalo

Al menos intenta
que el amor funda las escarchas del corazón,
que la amargura no marchite tus sonrisas,
que tu espíritu frene las balas del dolor.
Al menos, inténtalo.

Intenta mantenerte firme en la desesperación,
oler las esperanzas encriptadas del futuro,
regalar poesía en un golpe de puño.
Al menos, inténtalo.

Intenta no rendirte sin haber empezado,
no aderezarte el alma con papel y metal,
no desertar de tu destino...
... aun titubeando acerca de él.
Al menos, cuando mueras,
di que lo has intentado.
Di que luchaste,
di, al menos, que lo intentaste.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

jueves, 22 de octubre de 2015

:)

A la clara de luz de aceituna
dibujada en unos ojos miel,
relicario de las mil noches
sumergidos en algodones de reproche
mañana ya quedas por fin atrás
para no empaparme las lunas
de un corazón hecho hiel.

Te seguiré amando a oscuras,
en aquel rincón
donde descosimos la humedad
al calor de la locura.
Sigue volando,
que de un salto a la muerte
ahí estaré yo.

Entre el cálido septiembre
y las hojas caídas de noviembre
no hubo ni un maldito
suspiro que salvar
del tempestuoso huracán.
Una vez más burlados
por un destino criminal.

Ni tú santo varón,
ni yo decente mujer,
víctimas del azar
sobre el andén equivocado,
celebremos un hasta siempre
con dulces mentiras,
resecando al sol eternas utopías.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

domingo, 11 de octubre de 2015

El Amor :)

El aliciente radica en su imprevisibilidad. Siempre nos descubre por las espaldas, cuando más desnudos nos sentimos. Pero lo fantástico es que, a veces, llega acompañado de un dónde, de un cómo, de un cuándo... pero los porqués no suelen frecuentar su chistera, por fortuna olvida la razón. Además, es tan poderoso... que no entiende de dinero, ni de color, ni de culturas, ni de edades... Es tan sabio que no sabe hablar, sino que besa para comunicarse; se aferra a pieles para entregarse; llora para guardar silencio y no dañar. Es tan valiente que escupe las armas y escuda con su propia vida; arriesga para perder, porque no siempre ganar merece la pena; ofrece su alma a cambio de la herida más desgarradora; lucha en batallas donde la victoria es puro espectro de ilusión. No cesa de morder la soledad, aún siendo consciente de que no es buen negocio invertir en desengaños que, a la larga, tatúan secuelas en las entrañas, pero sin cuyo dolor la vida sería un idioma hueco de significado. Con ello enseña a sus alumnos que el sufrimiento es necesario, aunque esta lección sea difícil de aprender. En ocasiones, es un burlador profesional, un egoísta estafador de corazones, el jugador infalible que arruina partidas superadas. Seduce con mentiras, filtrea con la muerte, ensordece las pupilas, el amigo que hay que cuidar y temer al mismo tiempo. Pero qué forma tan peculiar de reirse de nosotros, de enmarañar destinos, de hacernos caminar por la cuerda floja, de revivirnos y arrancarnos la existencia en el momento más inesperado. El Amor... mitad señor, mitad truhán.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

viernes, 9 de octubre de 2015

Versos libres VII

Antes de barnizar con errores,
de aparcar en la duda
un silencio atronador,
asómate a mis ojos
y verás un campo de canas
sembrado en mi corazón.

Nunca hubo rosas
que perfumaran el dolor...
En cada espina
figura un nombre,
nombres de vinagre y hiel
que devastaron todo un jardín,
marchitando a golpes todo color.

Ahora es una pradera,
de cuchillas entera plantada
que con el despertar de la luna
a veces sonríe
un destello de frío metal.

Espero y espero...
en el alfeizar sentada
de los sueños quebrados,
a que el sol
se digne a aparecer
por el umbral de tus pupilas.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

lunes, 28 de septiembre de 2015

:)

Dime si merece la vida
arrancarme las entrañas por tu amor,
si valen las penas y alegrías
rasgarme el corazón
para remendar tus heridas.
Dime si tus sábanas
absorberán el poco calor que me queda,
si has llegado hasta mí
para tatuarme el desengaño
en forma de cicatriz.
Si tan solo soy un sedante
que te alivia de los recuerdos
cuando te envuelve la soledad.
Dime si una bofetada de dolor
se esconde tras las puertas de tu alma...
Y si es así,
pulverizaré las huellas de tus labios,
prenderé las hermosas palabras nacidas de una utopía,
calcinaré los sueños que destinaron
el tú y el yo, en un nosotros...
Barreré la estela que a su paso
por mi cuerpo dejó tu piel.
Dime si tan solo soy un capítulo más de tu historia
o si decides mantenerme a tu lado en el episodio final.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

viernes, 28 de agosto de 2015

Que no se joda el amor ;)

Cuando el amor impera
no existen años,
sino primaveras;
no hay color
que tizne en el corazón
una frontera;
tampoco una condición,
que con mayor o menor parné,
manche con interés de papel
quien de verdad ama
con sus carnes y su vida entera;
ni dos sexos por igual
que no puedan cantarle al mundo
su pasión acompañada
de una irisada bandera.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

viernes, 14 de agosto de 2015

Para un amigo ;)

Yo no soy aquella que espera de ti una promesa de amor,
ni un para siempre tatuado en el viento.
Yo no quiero poemas, ni cartas, ni primaveras
cortadas de un jardín perecedero.
Yo no quiero ir de tu mano,
ni una casa a la que llamemos hogar.
Yo no quiero portar una alianza con tu nombre en el dedo,
ni ser la mujer que te espere tras la puerta al entrar.
Yo no quiero ser tu pan de cada día,
ni que rindas cuenta a la infecta rutina.
Yo no quiero San Valentines, ni aniversario ideal.
Yo no quiero ser la madre de tus hijos,
ni tu compañía en una cena familiar.
Yo solo quiero ser tu ruina,
la vía de escape de tu realidad.
Yo solo quiero que te pierdas conmigo.
a cien kilómetros de este lugar…
Solo quiero ser tu amiga,
huir de ti, y que tú huyas de mí,
para luego volvernos a encontrar.
Quiero ser el caos donde te refugies,
una especie de búnker cuando no puedas más.
Yo no quiero que me quieras,
tampoco yo haré por quererte,
y en caso de querernos la mentira es lo mejor.
El amor es un terreno pantanoso,
donde al final termina por hundirse uno de los dos.
Tan solo quiero dar tumbos contigo,
de motel en motel,
desgastar haciendo el amor
cada rincón de esta ciudad.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

jueves, 13 de agosto de 2015

Versos libres VI

Y en lugar de la cartera, quisiera robarte la vida entera.
Pero es un mal negocio apostar por el amor,
con las hormonas a flor de la traición.
Dos corazones de paso en una ciudad tan diminuta,
que al final del cruce se vuelven a confundir.
No, no es una buena inversión
en los tiempos que corren,
apostar por el amor.
Y es por eso, que desecho
el amago de promesa en el nunca jamás.
Y es por eso que pretendo
saquearte cada beso,
cada sonrisa,
cada caricia,
que me permitan tus impulsos
cuando te invite desafiar al azar.
Y si la valentía se anima un rato
dejamos los miedos aparcados
y nos arrojamos al ring de boxeo,
que es el colchón.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

miércoles, 5 de agosto de 2015

Es la historia

Déjame contarte una historia
donde nunca érase una vez:
tú eras el perfecto escapista
y yo un pez muerto de sed.
Tú, prófugo del compromiso;
yo, el deseo mismo tras tu piel.
Tú, burlador de golondrinas;
yo, la luna de hiel.
Tú, la cruel indiferencia;
yo, camino de versos al son de tus pies.
Nosotros, el quizá del mañana,
el pero del hoy,
el imposible de ayer.
Ahora ignoro tus desplantes,
mentiría si dijera que me duele el corazón.
Solo digo que en la historia
esta loca muere por tu boca,
y este cuerpo reclama tu sudor.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

miércoles, 29 de julio de 2015

El sabor de las despedidas

Sin un hasta nunca más que objetar
agarró su mochila y un par de rencores,
en el bolsillo, directa a inventarse un camino.
Desahució a los demonios
que habitaban en su espalda,
descalzando sus pies de hilos
por el valle de suspiros.
Y así se emborrachó,
con los granos de arena
que a su prisa regaba el olvido.
Y así se enamoró,
de las hojas caídas del amor,
de las causas carentes de sentido.
Y así jamás volvió,
del cuento que imaginó,
donde en su infierno encarnaba lo prohibido
y el cielo no la pudiera regresar
de sus ruinas trazadas en los suburbios de lo perdido.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

sábado, 11 de julio de 2015

Me gusta

Me gusta cuando se enredan los pájaros en nuestros sueños,
cuando tu mirada se mece en la mía,
cuando tus labios me pretenden el infierno.

Me gusta cuando tus dedos se entrelazan en los míos,
cuando la valentía arranca el deseo,
cuando tus manos encienden mi cuerpo.

Me gusta cuando tus bromas provocan mi risa,
cuando, sin quererlo, caemos en la propia la red,
cuando anidas a ese niño en mi corazón.

Me gusta cuando, nervioso, me evitas,
cuando te busco, te encuentro y te dejo marchar,
cuando las caricias se vuelven nuestro idioma secreto.

M. ª Carmen Valenzuela Marín



martes, 7 de julio de 2015

Niebla

Ella. Siempre ella. Tan hermosa, tan lejana, tan etérea. ¿Quién será? ¿De dónde vendrá? Todas las noches, bajo el inerte escudriñamiento de la luz mortecina de las farolas, cuando la luna se engalana de llena para mí y la soledad me salpica las entrañas entro en el portal 8, cierro y saludo al vacío que enteramente encala la casa. Impaciente, espero su llegada. Ella: tan fatal, tan pecaminosa, tan luciferina, cargándome con su mirada mordaz. Ahí está. Ahí viene. Se acerca como el inmaculado destello en el sendero de un moribundo, acompañada de pasos marcados y felinos.

—Ya estás dormido- me confiesa mientras me acaricia el cabello- Aquí estoy otra vez. Y sonríe.

Y así, todas las noches, ella irrumpe en mis madrugadas. Me anuncia que estoy dormido, yo le digo que no quiero creerla, y la beso, y la siento. Y comprendo lo crueles que son los sueños, y lo narcótico de las quimeras.

—¿Por qué no te quedas a mi lado? ¿Por qué desapareces cuando el sol me dispara en las mañanas?- le pregunto.

Ella: tan niña, tan maliciosa, tan espectral, me cuenta entre susurros que los amaneceres sepultan soñadores, que del fulgor de las estrellas nace la imaginación y se fragua lo imposible.

Ella, tan volátil, se desnuda. Camina por la habitación para encontrarse sola, con su cuerpo frente al espejo, palpando el cristal que secuestra su imagen. Se observa, me observa y baja la mirada, lastimera. Se refugia herida, con su prisa, bajo mis sábanas, donde hacemos el amor: ella, con su sombra; yo, con la esperanza. Ella: tan libre, que no porta ni nombre; tan remota, que habita en la melancolía; tan fugaz, que no entiende de tiempo ni retrata en mis recuerdos sus despedidas.

Y así, fugitivos del alba, nos acurrucamos en el calor que desprenden nuestros cuerpos, temerosos de la aurora. Así, apoyo la mano en su pecho, y me engaño pensando que está viva, y que nos encontraremos al despuntar del día. La contemplo entre mis brazos y nos aferramos a la ficción, a lo imposible. Y entonces, una noche, durante el transcurso del ensueño, decidí llamarla Niebla…

M. ª Carmen Valenzuela Marín


miércoles, 1 de julio de 2015

Versos libres V

Vámonos allí lejos,
donde el final no acaba al terminar.
Vámonos con lo puesto,
allí lejos,
con una copa en la mano
y, con la otra
un mañana sin lágrimas.
Vámonos,
a lomos del olvido,
allí lejos, sí,
con un nido por sombrero
y en los pies,
nada que nos impida caminar.
Vámonos a medianoche,
al trote la luna,
abandonemos ya esta tierra
muda, estéril, vendida.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

miércoles, 24 de junio de 2015

Es inútil

Es inútil, confieso,
que el fantasma de su boca
con el capricho del viento
trepe por el olvido a la indolora fosa.

Es inútil, bien sé y bien sabía,
que cuando su mirada,
inocente, se enrede en la mía,
no avivare en mí la llama huracanada.

Es inútil, sospecho,
cuando su piel despeine mi pasión,
y su niñez me arda en el pecho,
evitar robarle un beso.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

viernes, 19 de junio de 2015

Aunque tú no lo sepas

No sé cómo explicarlo. Verás: es como un chispazo, que me muerde, de súbito, con su electricidad el corazón. Es una gélida caricia que arrecia las palmas de mis manos y mis pies. Es un seísmo espiritual que enmudece mis movimientos. Es un soplo que ensordece mi voz. Es una luz que colisiona, de pronto, con mis sentidos. Es un chaparrón inesperado que te deja frío. Es como el relente que cala en los huesos adictos a la nocturnidad. Es un espasmo que acelera el control remoto de mi interior. Es una sacudida de locura que me hace pensar en el amor.

Aunque tú no lo sepas…No sé cómo explicarlo, es lo que siento cuando te veo.


Aunque tú no lo sepas.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

miércoles, 17 de junio de 2015

¿Qué ve?

¿Qué ves ahí arriba?, le pregunto.
—Estrellas y punto.
Pero nada me habla de suspiros,
que volando se enredaron en el cielo,
nada de los guiños cautivos
cuyas almas habitan en luceros.

¿Qué ves en el mar?, le pregunto.
—Agua y punto.
Pero nada me habla de la danza de sus olas,
de su embrujo perfumado de sal,
nada de la melancolía de las farolas
que vierten en la noche su luz de cristal.

¿Qué me ves en la mirada?, con temor, le pregunto.
—Ojos y punto.
Pero nada me habla de la desmedida pasión
que tatúa su yerma piel de madrugada,
nada de mis errantes pasos por sus lunares,
ni de las descoloridas sábanas de mis mañanas.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

martes, 9 de junio de 2015

Microrrelato

Ella que sí. Él que no. Ella con sus idas y venidas. Él con las ideas claras –o eso intenta hacerle creer-. Ella que adora beberse las madrugadas en los tejados. Él que no entiende de noches más allá de su colchón. A ella la desviste el viento. A él no se le ocurre desojar en falso ni un botón. Ella se desvive entre besos y camas. A él se le enredan los pies en la tierra. Ella que le reza a la locura. Él que se ancla en mundanas obligaciones. Ella que quiere soñar. Él que quiere dormir. Ella el mar, el cielo, las estrellas, la hierba, los cigarrillos, el sexo, la poesía, la música, el deseo, y vuelta a soñar. Él los estudios, el trabajo, la familia, el ocio, la casa, y vuelta a dormir. Ella que se pierde. Él que se encuentra. Ella que goza en su caos, en su anarquía, en su vorágine. Él que se muere en su orden, en su disciplina, en su equilibrio.

    ¿Qué sentido tiene vivir así? –pregunta curiosa ella.

Él la contempla, escéptico.

    En este mundo las cosas funcionan así –le espeta él.
    ¿Y eres feliz? –le interroga ella.

Él no responde. Ella, que lee almas, escucha su silencio. Entonces comprende.

Ambos se miran, se besan, se abrazan y hacen el amor. Ella con su desatino. Él con su sensatez.

M. ª Carmen Valenzuela Marín


sábado, 23 de mayo de 2015

:)

Que de cuajo me arranquen los pulmones,
que de un plumazo mueran las constelaciones,
que de un tropiezo se suicide el alba por los balcones,
pero que no me falte tu aliento.
Que de amarte se arrastre mi alma de retortijones,
que la noche acicale mi corazón de negros crespones,
que la muerte me agasaje con un vals por los callejones,
pero que no se apague la luz de tu mirada.
Que de un portazo cierre el sol mis ilusiones,
que nuestro jergón arda de oscuras traiciones,
que de pena se desangren las canciones,
pero que tu risa sea el Atlas que soporta el mundo.
Que de injurias se desprenda el Cielo a jirones,
que los sainetes expiren en un ritual de alicaídos colofones,
que mi esquela aguarde risueña en los vacíos cajones,
pero que, jamás, mi vida, dejes de ser el motor de mi existencia.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

domingo, 17 de mayo de 2015

Razones por las que seguir de pie

Por una familia que no comprende que nací con alas de halcón, pero a la que quiero.
Por caminar sola kilómetros para encontrarme.
Por tumbarme noche tras noche en una playa, contemplando las estrellas, teniendo largas conversaciones con los ángeles que me salvan día tras día de los abismos.
Por esas horas que me roban el mar y su olor a salitre.
Por unos labios del pasado que tatuaron sus besos en mi corazón.
Por esos días echada en el césped de los parques, observando la dirección que me marcan las nubes, inventando y creando mundos que no se parezcan a la realidad.
Por unos amigos que me llenan de vida, que siembran primaveras en mis más crudos inviernos. Por sus bromas, por sus risas, por sus ilusiones.
Por una persona especial que me enseña a vivir, y a sobrevivir. A alzar un vuelo cada vez más alto. A defenderme con una fiereza que desconocía.
Porque descubrí que soy mucho más fuerte que mis demonios.
Por un lápiz y una libreta que desinfectan mis heridas.
Por todas las madrugadas en las que me pierdo.
Por… (y esto me jode) un niño que se niega a ser hombre, que se cuela sin permiso en mis sueños, y encima hacemos el amor.

Por todo esto, y por cien mentiras más, merece la pena seguir viviendo.


 M. ª Carmen Valenzuela Marín

sábado, 16 de mayo de 2015

Versos libres IV: Retrato

No te enamores de esa mujer
a la que un mal día la primavera
con su prisa de Varon Dandy perfumada
los pétalos de inocencia le arrancó.

No te enamores de esa mujer
que se le enreda el alma
en las sábanas
de cualquier loco de su condición.

No te enamores de esa mujer
que se perdió entre cama y cama,
que se dejó olvidado el corazón
en los huecos vacíos de algún colchón.

No te enamores de esa mujer:
su presidio es la melancolía;
sus besos, la traición;
sus heridas, las balas del pasado, del funesto desamor.

No te enamores de esa mujer,
fulana de los siete mares;
de la vida, caminante suicida,
de las noches, poeta de estrellas y dolor.

No te enamores de esa mujer
con la mente como vuelo de halcón,
con los pies en el espacio,
con la cabeza en las nubes,
con las ganas puestas en el jergón
de algún idiota de su condición.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

domingo, 10 de mayo de 2015

Versos libres III

Podrán engañarme las palabras
de tu boca envenenada
de tu furtivo corazón.
Podrás hacer que mi lengua
dance en tus labios
un tango en el salón de las mentiras.
Podrá tu sonrisa
perforar de sinrazón
la sed que por tu cuerpo
cada noche sueño que sueño consumar.
Podrán tus maneras,
el perfume de tu esencia,
la huella de tu voz
que tatúas en mis recuerdos…
Sí, podrán burlarse de mí.
Pero el rastro de brillo
que serpentea tu mirada,
el idioma que esconde
ese niño tras la pupila,
el querer buscar con los ojos
aquello de lo huyes,
eso no.
Eso no me puede engañar.


M. ª Carmen Valenzuela Marín

sábado, 9 de mayo de 2015

Versos libres II

Desde que no nos vemos
he recuperado el yo
del nosotros que nos sobraba.
Perdida en el arrabal de las madrugadas,
al oeste de un delirio ensombrecido,
doblan la esquina mundana,
estos versos malnacidos.
Y bajo los escombros
una guitarra muda,
un poeta que se viste,
una sonrisa de amargura,
un soniquete estridente
en la soledad de ciudad Melancolía.


M. ª Carmen Valenzuela Marín


sábado, 25 de abril de 2015

Versos libres

Son sus manos.
No, es su oscuro cabello.
Creo que no, sus ojos brillantes pueden ser.
¿Su sonrisa?
No lo sé…
Su tez morena debe ser.

Quizás, algo que no se ve…
¿Será su aliento?
Es su risa, ya lo sé.
No, no…
La brisa de la que emanan sus movimientos, eso tal vez es.
¿O es la huella de su olor?
O a lo mejor… ¡el color de su voz!

No, no…
Pienso que debe estar más adentro…
¿Serán los altos cielos por los que sobrevuela su mente?
¿Y si el desvarío de su corazón?
¡Ya está! Su espíritu infantil.
Tampoco es…
¡Claro! Las alas de su sinrazón.


Y si no es eso… ¡qué sé yo!

M. ª Carmen Valenzuela Marín

viernes, 17 de abril de 2015

Tras las tapias y grilletes

Como subyugado por un obseso deja vu infinito, El Camel reemprendía su reclusión bajo el inerte escudriñamiento de latón que decía: <<Penitenciaría El canal>>. Una vez más, de cientos, regresaba a la pasarela de barrotes roñosos de una malsana injusticia, donde sus compañeros vitoreaban una apuesta que tildaba en la expiración de su libertad.

El pasillo rezumaba un eco sofocante de resignación, y al frente, un túnel negro le aguardaba, como un moribundo a punto de rozar con sus pies desnudos el umbral del infierno. La cancela de la número 13 emitió un quejido de bienvenida, a la cual accedió sin resistencia.

-Los picoletos no se andan con chiquitas, ¿verdad, amigo? – espetó el de la celda 11- Esos hijos de puta… no todos tenemos un uniforme con el que mantener a la familia.

El Camel, en respuesta, emitió un sonido que se vio frustrado ante el ensordecedor timbre que anunciaba la hora de ocio. Los reclusos desocupaban apáticos sus cubículos pestilentes de una rutina mecanizada, casi inconsciente. El Poker, un ludópata empedernido en los juegos de cartas, organizaba su cuadrilla, conformada a su antojo por imbéciles, de modo que la estratagema le permitiera ganar la mayoría de las veces.

En el patio, El Boxeador asestaba golpes criminales contra un saco destrozado, que, al igual que él, exhibía una piel magullada que encerraba un interior remendado con heridas y harapos del ayer.

-No te cansas, ¿eh? –soltó El Duca.
-Bueno… Es la manera que tengo de devolverle a la vida todos los puñetazos que me ha  propinado, pero sin sangre- respondió con media sonrisa perfilada en unos labios cincelados por toda suerte de cicatrices.- Y tú, ¿no escribes?

El Duca se encogió de hombros, desvió la mirada y  resopló:

-No, hoy no. Para escribir es necesario levantar la vista del papel, aunque sea de vez en cuando, y observar lo que hay alrededor. Hace tiempo que no lo hago, y ya va siendo hora- volvió a desviar la mirada, esta vez para contemplar al Camel. El Boxeador suspendió las trompadas y siguió la trayectoria que los ojos de su camarada le indicaban.

-Joder, tío… Míralo, le han vuelto a coger. Seguramente un chivatazo, un cambio de turno, o vete tú a saber- comentó El Duca.- El mundo está hecho mierda, y ni siquiera nos conceden el derecho de sobrevivir.
- Y de ti, ¿es cierto eso que dicen?- inquirió El Boxeador, mientras El Duca le arrojó una mirada escéptica.
-Qué cojones… Pues claro que es verdad. Esa cabrona intentó apuñalarme, pero claro, uno no puede defenderse de “una enferma mental”. Si lo intentas, esto es lo que pasa: o el trullo, o la caja.

De repente, se armó un corro de lo más estruendoso en torno a la mesa donde jugaban a las cartas. El Duca, El Boxeador y El Camel, que reposaba en una escalera, ausente, sin más compañía que un cigarrillo, acudieron de inmediato para ver qué ocurría. El Duca, el más delgado de todos, pero más alto que nadie, fue el primero en atisbar lo sucedido: El Poker descansaba degollado sobre lo que antes era una mesa, y ahora un precipicio por el que se despeñaban en forma de cascada borbotones de sangre. Los de seguridad irrumpieron a empujones en aquel círculo de estupefacción. Al parecer, uno de los imbéciles se había rebelado porque no soportaba más tomaduras de pelo.

El mismo imbécil que acaba de asesinar al diestro en naipes, se subió de un salto a la mesa ensangrentada, derribando de una patada al cadáver, tendido ahora en las lozas encharcadas. Dos policías trataron de agarrarlo, pero fracasaron debido a que aquel imbécil aún conservaba el puñal en sus manos, y lo blandía sin el más mínimo reparo a quien osara aproximarse.

-¿Por qué no hacéis lo mismo, mariconas?- gritó encolerizado.
-¡Gilipollas, a este paso vas a pudrirte en chirona!- manifestó otro de los imbéciles que se encontraba jugando hasta la tragedia.

Nadie comprendía las palabras de aquel lunático, excepto Camel, quien dilucidaba nítidamente a qué se refería aquel imbécil. Sin más preámbulos, se montó junto a él y más enfurecido aún que el anterior vociferó:

-¿¡Pero es que nadie se da cuenta?! Muchos de nosotros estamos aquí padeciendo una pena que no nos corresponde. ¡Tú, Duca! Si esa mujer, escudada detrás de un papel, trató de matarte, nadie tiene el derecho de cohibir tu integridad. ¡Boxeador! Tú no violaste a ninguna chica, si estás aquí es porque pagaron una gran suma de dinero para cercenar tu libertad. ¡Yo! Traficante de tabaco para sostener a mi familia porque no puedo inventarme un trabajo, como lo haría El Duca en sus novelas. ¡El Poker! Agh… ¡Maldito cabrón! Se aprovechaba de todos vosotros… ¿No lo veis? Si estamos aquí encerrados es a causa de escorias como él. ¿A qué viene tanto conformismo en esas caras? ¿Acaso pensáis dejar escapar lo que os quede de vida entre estos muros? ¿Es qué nadie va a poner alto al miedo?

Se hizo el silencio, mientras los presos recorrían mudos las miradas de unos y otros. Ni una palabra, ni un respiro. Simultáneamente, todos, incluso los policías, posaron la vista en el ocaso, más intenso que nunca. Camel se apeó de la mesa, se acercó a la cancela exterior del patio, señaló el candado y declaró:

-Entre la libertad y la esclavitud –dijo tanteando la cerradura- solo existe una pieza de metal maquillada de intereses.

El imbécil se colocó a su lado, y más tarde El Duca y El Boxeador, quienes continuaron con la mirada suspendida en el ocaso; mientras los demás estancaron la suya en el muro de ladrillos que los cercaba.

M. ª Carmen Valenzuela Marín



sábado, 4 de abril de 2015

Duende del Sur

Juguetones los azares del destino,
adornaban las calles del sur,
dos luceros de alegría al son de un sol vespertino;
ataviados lucían de un cristalino tul.

Y en el camino algo más que una estrella descubrí,
no era ni oro, ni plata, ni menos brillante que el trigo,
más bien parecido al rubí:
un gran hombre, un genio; me dije, tal vez un amigo.

Persiguiendo voy las huellas que a su paso dibujan sus alas,
portando va por los sinfines su alma de golondrina,
y la brisa de su aleteo en los corazones cala,
brindando el recuerdo de sus ojos color agua marina.

M.ª Carmen Valenzuela Marín

jueves, 26 de marzo de 2015

Pieles grises. Soneto

Cuándo el amor apadrinó a una dictadura,
cuándo cambió la muerte su parca por parné,
cuándo precintó la luna sueños con sutura,
y los pájaros se afiliaron al un, dos, tres.

Cuándo remendó Lulú el sexo con mesura,
cuándo encaló Machín sus ángeles de café,
cuándo Siddhartha anduvo por livianas llanuras,
e intuyó Krahe el paradero de esa mujer.

Pieles grises, fase terminal de un vis a vis,
heroína de rutina impía al por mayor,
risas lapidadas a manos de un vodevil.

Pieles grises, espuelas que pican el color,
chispa sujeta bajo efecto de clamoxyl,
títeres esclavos, sulfatados de convención.

M.ª Carmen Valenzuela Marín

sábado, 17 de enero de 2015

Porque ellos no pueden volar tan alto :)

Si nos miran bien o mal no es cosa nuestra,
es a causa del insano juicio que los flagela,
y sienten envidia de nuestra cabal locura,
cuando en sus ojos nuestro amor riela.

Si nos sonríen o nos critican qué nos importa,
es a causa de una convención absurda,
y no comprenden por lo que vivimos y luchamos,
ni conocen nuestra intrépida bravura.

Si tratan de embestir tu torre de marfil,
yo seré tu más firme armadura,
la muralla que proteja nuestros sueños,
embadurnando tus noches de dulzura.

Que los miedos no luzcan de gala,
ni la cobardía nos dé baja por ciegos;
que no existan balas,
que conviertan este amor en deshielo;
que el batir de tus alas,
no tatúe una herida en mi cielo.

Mª Carmen Valenzuela Marín