miércoles, 24 de junio de 2015

Es inútil

Es inútil, confieso,
que el fantasma de su boca
con el capricho del viento
trepe por el olvido a la indolora fosa.

Es inútil, bien sé y bien sabía,
que cuando su mirada,
inocente, se enrede en la mía,
no avivare en mí la llama huracanada.

Es inútil, sospecho,
cuando su piel despeine mi pasión,
y su niñez me arda en el pecho,
evitar robarle un beso.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

viernes, 19 de junio de 2015

Aunque tú no lo sepas

No sé cómo explicarlo. Verás: es como un chispazo, que me muerde, de súbito, con su electricidad el corazón. Es una gélida caricia que arrecia las palmas de mis manos y mis pies. Es un seísmo espiritual que enmudece mis movimientos. Es un soplo que ensordece mi voz. Es una luz que colisiona, de pronto, con mis sentidos. Es un chaparrón inesperado que te deja frío. Es como el relente que cala en los huesos adictos a la nocturnidad. Es un espasmo que acelera el control remoto de mi interior. Es una sacudida de locura que me hace pensar en el amor.

Aunque tú no lo sepas…No sé cómo explicarlo, es lo que siento cuando te veo.


Aunque tú no lo sepas.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

miércoles, 17 de junio de 2015

¿Qué ve?

¿Qué ves ahí arriba?, le pregunto.
—Estrellas y punto.
Pero nada me habla de suspiros,
que volando se enredaron en el cielo,
nada de los guiños cautivos
cuyas almas habitan en luceros.

¿Qué ves en el mar?, le pregunto.
—Agua y punto.
Pero nada me habla de la danza de sus olas,
de su embrujo perfumado de sal,
nada de la melancolía de las farolas
que vierten en la noche su luz de cristal.

¿Qué me ves en la mirada?, con temor, le pregunto.
—Ojos y punto.
Pero nada me habla de la desmedida pasión
que tatúa su yerma piel de madrugada,
nada de mis errantes pasos por sus lunares,
ni de las descoloridas sábanas de mis mañanas.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

martes, 9 de junio de 2015

Microrrelato

Ella que sí. Él que no. Ella con sus idas y venidas. Él con las ideas claras –o eso intenta hacerle creer-. Ella que adora beberse las madrugadas en los tejados. Él que no entiende de noches más allá de su colchón. A ella la desviste el viento. A él no se le ocurre desojar en falso ni un botón. Ella se desvive entre besos y camas. A él se le enredan los pies en la tierra. Ella que le reza a la locura. Él que se ancla en mundanas obligaciones. Ella que quiere soñar. Él que quiere dormir. Ella el mar, el cielo, las estrellas, la hierba, los cigarrillos, el sexo, la poesía, la música, el deseo, y vuelta a soñar. Él los estudios, el trabajo, la familia, el ocio, la casa, y vuelta a dormir. Ella que se pierde. Él que se encuentra. Ella que goza en su caos, en su anarquía, en su vorágine. Él que se muere en su orden, en su disciplina, en su equilibrio.

    ¿Qué sentido tiene vivir así? –pregunta curiosa ella.

Él la contempla, escéptico.

    En este mundo las cosas funcionan así –le espeta él.
    ¿Y eres feliz? –le interroga ella.

Él no responde. Ella, que lee almas, escucha su silencio. Entonces comprende.

Ambos se miran, se besan, se abrazan y hacen el amor. Ella con su desatino. Él con su sensatez.

M. ª Carmen Valenzuela Marín