viernes, 21 de noviembre de 2014

Aquello que pudo ser y no fue

Entre zombies de plástico y pistolas de cartón,
en duelo batí aquella madrugada,
donde el único forastero ataviado de interrogación,
me disparó con balas de libido envenenadas.

¡Ay! Conde de mis pecados,
tus labios tenían la pócima de no olvidar;
¡ay! Silfo de ojos aniñados,
tu voz, un ungüento para anhelos provocar.

Te besé, te acaricié, te deseé;
con placer me equivocaría otra vez,
con inclinación al tártaro volvería a descender,
con afán robaría lo que mío pudo ser y no fue.

Subsisto en forma de suspiro errante,
a la manera de un faro que no enfoca,
a la espera de que nuevos tiempos,
me lleven a la orilla de tu boca.

Mª Carmen Valenzuela Marín

Cuando es amor, el dolor muerde

Rómpeme el alma afligida
que en mil pedazos pende,
al oírte hablar de otras
como si el loto sagrado fuesen.

Clávame un arsenal de
por cada flor sembrada en tu vida,
que no hay peor ardor
que los celos de una mujer sentida.

Hiéreme como novillero a su toro
al derramar tus labios
el nombre de una rosa ya marchita,
pero que muerde, desgarra y duele.

Abrásanme tus palabras
como un ferrete inofensivo,
cuyo fuego cala hondo, raudo
en mi corazón cautivo.

Mª Carmen Valenzuela Marín

lunes, 10 de noviembre de 2014

Que no os cambien, que no os engañen

“¡Que pare el mundo! Quiero bajarme”. Lo comprendo, quien lo desee, adelante. Pero saber que bajarse es quedar fuera de juego. Bajarse supone firmar vuestro parte de rendición ante la vida, ante aquellos que día tras día alimentan su espíritu puteando a los demás. Es realmente difícil mantenerse de pie, contenerse firme y fuerte, es real y crudamente complicado. Y diréis, “claro, nada que no sepamos”, entonces ¿por qué tanto pisarnos los unos a los otros? La vida es muy bella, lo que está hecho mierda es el mundo, si es que no se le puede adjudicar un calificativo peor. Pero no. Yo no. Yo no quiero bajarme. No voy a bajarme. Pienso quedarme dando más vueltas que nadie, y sé que en millones de esas innumerables vueltas saldré disparada, y entonces volveré a montarme otra vez.

Y aunque la sociedad intente cambiarme yo soy yo y seguiré siendo yo hasta que me sepulten en la caja. Y por ser YO me he ganado enemigos y he destapado la cara cínica de muchos que se hallaban a mi lado. Pero NO ME VAN A CAMBIAR. Yo seguiré siendo la mujer que pelea por cambiar el mundo, aunque sea vanamente; yo seguiré siendo la que no tolera convencionalismos, la que no tiene en un altar a la familia, la que piensa que por amor vale la pena TODO. Yo seguiré siendo la estúpida que a pesar de que me jodas te seguiré tendiendo la mano. Yo seguiré amando mi locura, porque no quiero infectarme de sensatez, aunque nadie me entienda, porque solo yo CONOZCO POR LO QUE ESTOY LUCHANDO aunque en ello me deje la vida. Yo seguiré siendo la mujer que prefiere una cueva a un castillo de marfil. Yo seguiré siendo la chica que se refugie en la más absoluta soledad antes que soportar la superficialidad de la gente. Yo pienso seguir siendo la mujer más estrambótica del universo; ni mejor ni peor, simplemente yo. Y sobre todo, lo más importante: los padres no educan, los maestros no enseñan, la familia no te respalda, la sociedad no es tu amiga, el dinero es lo más nimio y sucio que posees, tú eres lo único que tienes. Y a pesar de ello, no voy a bajarme del mundo, quiero seguir dando vueltas, danzando al son de mi locura…

Mª Carmen Valenzuela Marín

sábado, 8 de noviembre de 2014

¿Y si nos perdemos de una vez?

Quiero besarte el cabello,
plantar un sendero de rosas en tu caminar,
que nuestro amor se funda con la luna de enero,
que tu partida no teja en mi alma nubes de alquitrán.

Y si nos perdemos que sea con el viento,
y si nos ahogamos que sea en la mar,
y si suspiro que sea por tu aliento,
y si me muero que sea en tu mirar.

Quiero despertar entre tus dedos lisonjeros,
que el olvido no taladre nuestra pasión,
que el color de tus ojos sea mi cielo mañanero,
que el sol salpique con sus rayos nuestro jergón.

Y si nos perdemos que sea con el viento,
y si nos ahogamos que sea en la mar,
y si suspiro que sea por tu aliento,
y si me muero que sea en tu mirar.

Qué más da si luna sale de día,
si el otoño viste de verde,
si te quiero, qué más da, vida mía;
si verdad solo hay una y es que muero por verte.

Mª Carmen Valenzuela Marín