sábado, 23 de mayo de 2015

:)

Que de cuajo me arranquen los pulmones,
que de un plumazo mueran las constelaciones,
que de un tropiezo se suicide el alba por los balcones,
pero que no me falte tu aliento.
Que de amarte se arrastre mi alma de retortijones,
que la noche acicale mi corazón de negros crespones,
que la muerte me agasaje con un vals por los callejones,
pero que no se apague la luz de tu mirada.
Que de un portazo cierre el sol mis ilusiones,
que nuestro jergón arda de oscuras traiciones,
que de pena se desangren las canciones,
pero que tu risa sea el Atlas que soporta el mundo.
Que de injurias se desprenda el Cielo a jirones,
que los sainetes expiren en un ritual de alicaídos colofones,
que mi esquela aguarde risueña en los vacíos cajones,
pero que, jamás, mi vida, dejes de ser el motor de mi existencia.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

domingo, 17 de mayo de 2015

Razones por las que seguir de pie

Por una familia que no comprende que nací con alas de halcón, pero a la que quiero.
Por caminar sola kilómetros para encontrarme.
Por tumbarme noche tras noche en una playa, contemplando las estrellas, teniendo largas conversaciones con los ángeles que me salvan día tras día de los abismos.
Por esas horas que me roban el mar y su olor a salitre.
Por unos labios del pasado que tatuaron sus besos en mi corazón.
Por esos días echada en el césped de los parques, observando la dirección que me marcan las nubes, inventando y creando mundos que no se parezcan a la realidad.
Por unos amigos que me llenan de vida, que siembran primaveras en mis más crudos inviernos. Por sus bromas, por sus risas, por sus ilusiones.
Por una persona especial que me enseña a vivir, y a sobrevivir. A alzar un vuelo cada vez más alto. A defenderme con una fiereza que desconocía.
Porque descubrí que soy mucho más fuerte que mis demonios.
Por un lápiz y una libreta que desinfectan mis heridas.
Por todas las madrugadas en las que me pierdo.
Por… (y esto me jode) un niño que se niega a ser hombre, que se cuela sin permiso en mis sueños, y encima hacemos el amor.

Por todo esto, y por cien mentiras más, merece la pena seguir viviendo.


 M. ª Carmen Valenzuela Marín

sábado, 16 de mayo de 2015

Versos libres IV: Retrato

No te enamores de esa mujer
a la que un mal día la primavera
con su prisa de Varon Dandy perfumada
los pétalos de inocencia le arrancó.

No te enamores de esa mujer
que se le enreda el alma
en las sábanas
de cualquier loco de su condición.

No te enamores de esa mujer
que se perdió entre cama y cama,
que se dejó olvidado el corazón
en los huecos vacíos de algún colchón.

No te enamores de esa mujer:
su presidio es la melancolía;
sus besos, la traición;
sus heridas, las balas del pasado, del funesto desamor.

No te enamores de esa mujer,
fulana de los siete mares;
de la vida, caminante suicida,
de las noches, poeta de estrellas y dolor.

No te enamores de esa mujer
con la mente como vuelo de halcón,
con los pies en el espacio,
con la cabeza en las nubes,
con las ganas puestas en el jergón
de algún idiota de su condición.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

domingo, 10 de mayo de 2015

Versos libres III

Podrán engañarme las palabras
de tu boca envenenada
de tu furtivo corazón.
Podrás hacer que mi lengua
dance en tus labios
un tango en el salón de las mentiras.
Podrá tu sonrisa
perforar de sinrazón
la sed que por tu cuerpo
cada noche sueño que sueño consumar.
Podrán tus maneras,
el perfume de tu esencia,
la huella de tu voz
que tatúas en mis recuerdos…
Sí, podrán burlarse de mí.
Pero el rastro de brillo
que serpentea tu mirada,
el idioma que esconde
ese niño tras la pupila,
el querer buscar con los ojos
aquello de lo huyes,
eso no.
Eso no me puede engañar.


M. ª Carmen Valenzuela Marín

sábado, 9 de mayo de 2015

Versos libres II

Desde que no nos vemos
he recuperado el yo
del nosotros que nos sobraba.
Perdida en el arrabal de las madrugadas,
al oeste de un delirio ensombrecido,
doblan la esquina mundana,
estos versos malnacidos.
Y bajo los escombros
una guitarra muda,
un poeta que se viste,
una sonrisa de amargura,
un soniquete estridente
en la soledad de ciudad Melancolía.


M. ª Carmen Valenzuela Marín