“¡Que pare el mundo! Quiero
bajarme”. Lo comprendo, quien lo desee, adelante. Pero saber que bajarse es quedar
fuera de juego. Bajarse supone firmar vuestro parte de rendición ante la vida,
ante aquellos que día tras día alimentan su espíritu puteando a los demás. Es
realmente difícil mantenerse de pie, contenerse firme y fuerte, es real y
crudamente complicado. Y diréis, “claro, nada que no sepamos”, entonces ¿por qué
tanto pisarnos los unos a los otros? La vida es muy bella, lo que está hecho
mierda es el mundo, si es que no se le puede adjudicar un calificativo peor. Pero
no. Yo no. Yo no quiero bajarme. No voy a bajarme. Pienso quedarme dando más
vueltas que nadie, y sé que en millones de esas innumerables vueltas saldré
disparada, y entonces volveré a montarme otra vez.
Y aunque la sociedad intente
cambiarme yo soy yo y seguiré siendo yo hasta que me sepulten en la caja. Y por
ser YO me he ganado enemigos y he destapado la cara cínica de muchos que se
hallaban a mi lado. Pero NO ME VAN A CAMBIAR. Yo seguiré siendo la mujer que
pelea por cambiar el mundo, aunque sea vanamente; yo seguiré siendo la que no
tolera convencionalismos, la que no tiene en un altar a la familia, la que
piensa que por amor vale la pena TODO. Yo seguiré siendo la estúpida que a
pesar de que me jodas te seguiré tendiendo la mano. Yo seguiré amando mi
locura, porque no quiero infectarme de sensatez, aunque nadie me entienda,
porque solo yo CONOZCO POR LO QUE ESTOY LUCHANDO aunque en ello me deje la
vida. Yo seguiré siendo la mujer que prefiere una cueva a un castillo de
marfil. Yo seguiré siendo la chica que se refugie en la más absoluta soledad
antes que soportar la superficialidad de la gente. Yo pienso seguir siendo la
mujer más estrambótica del universo; ni mejor ni peor, simplemente yo. Y sobre
todo, lo más importante: los padres no educan, los maestros no enseñan, la
familia no te respalda, la sociedad no es tu amiga, el dinero es lo más nimio y
sucio que posees, tú eres lo único que tienes. Y a pesar de ello, no voy a
bajarme del mundo, quiero seguir dando vueltas, danzando al son de mi locura…
Mª Carmen Valenzuela Marín
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