Por una familia que no comprende que nací con alas de
halcón, pero a la que quiero.
Por caminar sola kilómetros para encontrarme.
Por tumbarme noche tras noche en una playa, contemplando las
estrellas, teniendo largas conversaciones con los ángeles que me salvan día
tras día de los abismos.
Por esas horas que me roban el mar y su olor a salitre.
Por unos labios del pasado que tatuaron sus besos en mi
corazón.
Por esos días echada en el césped de los parques, observando
la dirección que me marcan las nubes, inventando y creando mundos que no se
parezcan a la realidad.
Por unos amigos que me llenan de vida, que siembran
primaveras en mis más crudos inviernos. Por sus bromas, por sus risas, por sus
ilusiones.
Por una persona especial que me enseña a vivir, y a
sobrevivir. A alzar un vuelo cada vez más alto. A defenderme con una fiereza
que desconocía.
Porque descubrí que soy mucho más fuerte que mis demonios.
Por un lápiz y una libreta que desinfectan mis heridas.
Por todas las madrugadas en las que me pierdo.
Por… (y esto me jode) un niño que se niega a ser hombre, que
se cuela sin permiso en mis sueños, y encima hacemos el amor.
Por todo esto, y por cien mentiras más, merece la pena
seguir viviendo.
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