No te enamores de esa mujer
a la que un mal día la primavera
con su prisa de Varon
Dandy perfumada
los pétalos de inocencia le arrancó.
No te enamores de esa mujer
que se le enreda el alma
en las sábanas
de cualquier loco de su condición.
No te enamores de esa mujer
que se perdió entre cama y cama,
que se dejó olvidado el corazón
en los huecos vacíos de algún colchón.
No te enamores de esa mujer:
su presidio es la melancolía;
sus besos, la traición;
sus heridas, las balas del pasado, del funesto desamor.
No te enamores de esa mujer,
fulana de los siete mares;
de la vida, caminante suicida,
de las noches, poeta de estrellas y dolor.
No te enamores de esa mujer
con la mente como vuelo de halcón,
con los pies en el espacio,
con la cabeza en las nubes,
con las ganas puestas en el jergón
de algún idiota de su condición.
M. ª Carmen Valenzuela Marín
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