Son sus manos.
No, es su oscuro cabello.
Creo que no, sus ojos brillantes pueden ser.
¿Su sonrisa?
No lo sé…
Su tez morena debe ser.
Quizás, algo que no se ve…
¿Será su aliento?
Es su risa, ya lo sé.
No, no…
La brisa de la que emanan sus movimientos, eso tal vez es.
¿O es la huella de su olor?
O a lo mejor… ¡el color de su voz!
No, no…
Pienso que debe estar más adentro…
¿Serán los altos cielos por los que sobrevuela su mente?
¿Y si el desvarío de su corazón?
¡Ya está! Su espíritu infantil.
Tampoco es…
¡Claro! Las alas de su sinrazón.
Y si no es eso… ¡qué sé yo!
M. ª Carmen Valenzuela Marín
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