dibujada en unos ojos miel,
relicario de las mil noches
sumergidos en algodones de reproche
mañana ya quedas por fin atrás
para no empaparme las lunas
de un corazón hecho hiel.
Te seguiré amando a oscuras,
en aquel rincón
donde descosimos la humedad
al calor de la locura.
Sigue volando,
que de un salto a la muerte
ahí estaré yo.
Entre el cálido septiembre
y las hojas caídas de noviembre
no hubo ni un maldito
suspiro que salvar
del tempestuoso huracán.
Una vez más burlados
por un destino criminal.
Ni tú santo varón,
ni yo decente mujer,
víctimas del azar
sobre el andén equivocado,
celebremos un hasta siempre
con dulces mentiras,
resecando al sol eternas utopías.
M. ª Carmen Valenzuela Marín
No hay comentarios:
Publicar un comentario