viernes, 9 de octubre de 2015

Versos libres VII

Antes de barnizar con errores,
de aparcar en la duda
un silencio atronador,
asómate a mis ojos
y verás un campo de canas
sembrado en mi corazón.

Nunca hubo rosas
que perfumaran el dolor...
En cada espina
figura un nombre,
nombres de vinagre y hiel
que devastaron todo un jardín,
marchitando a golpes todo color.

Ahora es una pradera,
de cuchillas entera plantada
que con el despertar de la luna
a veces sonríe
un destello de frío metal.

Espero y espero...
en el alfeizar sentada
de los sueños quebrados,
a que el sol
se digne a aparecer
por el umbral de tus pupilas.

M. ª Carmen Valenzuela Marín

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