M. ª Carmen Valenzuela Marín
"Nacen para estudiar, estudian para trabajar, trabajan para morir; estaban muertos desde un principio" (Gonzalo Arango).
domingo, 11 de octubre de 2015
El Amor :)
El aliciente radica en su imprevisibilidad. Siempre nos descubre por las espaldas, cuando más desnudos nos sentimos. Pero lo fantástico es que, a veces, llega acompañado de un dónde, de un cómo, de un cuándo... pero los porqués no suelen frecuentar su chistera, por fortuna olvida la razón. Además, es tan poderoso... que no entiende de dinero, ni de color, ni de culturas, ni de edades... Es tan sabio que no sabe hablar, sino que besa para comunicarse; se aferra a pieles para entregarse; llora para guardar silencio y no dañar. Es tan valiente que escupe las armas y escuda con su propia vida; arriesga para perder, porque no siempre ganar merece la pena; ofrece su alma a cambio de la herida más desgarradora; lucha en batallas donde la victoria es puro espectro de ilusión. No cesa de morder la soledad, aún siendo consciente de que no es buen negocio invertir en desengaños que, a la larga, tatúan secuelas en las entrañas, pero sin cuyo dolor la vida sería un idioma hueco de significado. Con ello enseña a sus alumnos que el sufrimiento es necesario, aunque esta lección sea difícil de aprender. En ocasiones, es un burlador profesional, un egoísta estafador de corazones, el jugador infalible que arruina partidas superadas. Seduce con mentiras, filtrea con la muerte, ensordece las pupilas, el amigo que hay que cuidar y temer al mismo tiempo. Pero qué forma tan peculiar de reirse de nosotros, de enmarañar destinos, de hacernos caminar por la cuerda floja, de revivirnos y arrancarnos la existencia en el momento más inesperado. El Amor... mitad señor, mitad truhán.
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