cuando tu mirada se mece en la mía,
cuando tus labios me pretenden el infierno.
Me gusta cuando tus dedos se entrelazan en los míos,
cuando la valentía arranca el deseo,
cuando tus manos encienden mi cuerpo.
Me gusta cuando tus bromas provocan mi risa,
cuando, sin quererlo, caemos en la propia la red,
cuando anidas a ese niño en mi corazón.
Me gusta cuando, nervioso, me evitas,
cuando te busco, te encuentro y te dejo marchar,
cuando las caricias se vuelven nuestro idioma secreto.
M. ª Carmen Valenzuela Marín
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