Vámonos allí lejos,
donde el final no acaba al terminar.
Vámonos con lo puesto,
allí lejos,
con una copa en la mano
y, con la otra
un mañana sin lágrimas.
Vámonos,
a lomos del olvido,
allí lejos, sí,
con un nido por sombrero
y en los pies,
nada que nos impida caminar.
Vámonos a medianoche,
al trote la luna,
abandonemos ya esta tierra
muda, estéril, vendida.
M. ª Carmen Valenzuela Marín
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